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Inteligencia Artificial · 3 de Septiembre, 2026 · 3 min de lectura · Ars Technica · 0 vistas

Rassvet: el Starlink ruso se estanca en órbita y Ucrania sabotea su despegue

Rassvet: el Starlink ruso se estanca en órbita y Ucrania sabotea su despegue
📷 Fotografía original: Ars Technica Ver fuente original ↗
Resumen

El ambicioso programa Rassvet, concebido por la compañía rusa Bureau 1440 como la respuesta nacional a la constelación Starlink de SpaceX, atraviesa una fase crítica marcada por retrasos técnicos y sabotajes ucranianos. Hasta la fecha, solo se han realizado dos lanzamientos —en marzo y julio de este año— que han puesto en órbita baja un total de 32 satélites, apenas el 10 % de los aproximadamente 300 aparatos que Rusia pretende desplegar para finales del próximo año, con un objetivo a largo plazo de 924 satélites hacia 2035. El programa ha cobrado una urgencia estratégica desde que SpaceX cortó en febrero el acceso de terminales no registradas en Ucrania, con las que las fuerzas rusas se comunicaban de forma ilícita, lo que impulsó a Moscú a acelerar un proyecto que llevaba años en desarrollo.

Desde el punto de vista técnico, ninguno de los 32 satélites lanzados ha alcanzado la órbita prevista de 800 kilómetros; el techo logrado ronda los 500 kilómetros, donde se han estabilizado solo 12 de los 16 satélites del primer lote. Un aparato se reentró sin maniobrar en junio y al menos otros tres presentan signos claros de fallo, incluyendo problemas con los motores de plasma encargados de elevar las órbitas. La propia naturaleza de la megaconstelación —que requiere distribuir cientos de satélites en múltiples planos orbitales— obliga a Rusia a realizar todavía 16 lanzamientos adicionales para ofrecer cobertura continua sobre Ucrania, y los satélites actualmente operativos solo brindan ventanas de comunicación de hasta 90 minutos, dos veces al día, en alineaciones favorables para ataques con sistemas no tripulados.

El ecosistema industrial y financiero que respalda a Rassvet refleja décadas de decadencia del sector espacial ruso, lastrado por infrafinanciamiento crónico, corrupción y cuellos de botella productivos. Antiguos responsables de Roscosmos ya reconocieron en 2023 que el país “no estaba preparado” para una iniciativa de esta magnitud, dado que su capacidad de fabricación no ha producido más que unas pocas decenas anuales desde la caída de la Unión Soviética. A estas debilidades estructurales se suma la presión competitiva de Starlink, cuya tasa de fallos actual ronda el 0,01 %, muy por debajo de los más del 13 % registrados en las primeras generaciones de SpaceX y de los problemas ya documentados en satélites de la Agencia de Desarrollo Espacial de EE. UU.

De cara al futuro, las perspectivas de Rassvet se ven amenazadas tanto por sus propios problemas ingenieriles como por la ofensiva militar de Ucrania contra la infraestructura espacial rusa, incluidos ataques con drones contra el Cosmódromo de Plesetsk y el reciente golpe contra la fábrica que produce los cohetes Soyuz, pieza clave del programa. Aunque los 12 satélites estables a 500 kilómetros ya representan una amenaza táctica para Ucrania al permitir comunicaciones durante ventanas limitadas, el Instituto para el Estudio de la Guerra advierte que los sabotajes y los retrasos podrían frustrar el objetivo ruso de contar con un análogo operativo de Starlink en el corto plazo, consolidando una brecha tecnológica que el Kremlin no logra cerrar en el contexto del conflicto.

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